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miércoles, 1 de enero de 2014

A LOS PIES DEL MAESTRO - J. KRISHNAMURTI.



A LOS PIES DEL MAESTRO
J. KRISHNAMURTI. 
(escritor y orador en materia filosófica y espiritual)


En este Sendero se requieren cuatro cualidades:

DISCERNIMIENTO

CARENCIA DE DESEOS

BUENA CONDUCTA

AMOR


I

La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denomina así, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, y la cual guía a los hombres para entrar en el Sendero.

Pero también es mucho más que esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino en cada una de sus etapas, diariamente, hasta el fin.

Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendido que tan sólo en él pueden encontrarse las cosas dignas de ser alcanzadas. Los que no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lo más una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes mayores, reales y perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellos

otros.

En el mundo hay dos clases de seres: los sabios y los ignorantes. Esta sabiduría es la que nos interesa. La religión que un hombre profese, la raza a que pertenezca, importan poco; lo realmente importante es que los hombres conozcan el plan Divino. 
Porque el plan de Dios es la evolución. Una vez que el hombre realmente lo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar de acuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. 

Así, conociéndolo, permanece al lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando para la evolución y no por egoísmo.

Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y no importa lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, ni que sea indio o inglés, chino o ruso. 

Los que están al lado de Dios saben por qué están aquí y cuál es su misión, y procuran cumplirla; los demás no saben todavía lo que han de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías que imaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto, tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos. Ellos van en pos de lo
irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan a distinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo, discernimiento es el primer paso.

Pero, aun después de efectuada la elección, debéis recordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tanto debemos discernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista.

Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, han resuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elección entre lo justo y lo injusto. Pero el cuerpo es distinto del hombre, y la voluntad del hombre no siempre coincide con el deseo del cuerpo. Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar si vosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamente lo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mismos para hallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz. No confundáis con vosotros mismos ni vuestro cuerpo físico, ni vuestro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno de ellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. 

Debéis conocerlos todos y reconoceros por su dueño.

Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físico quiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo: "Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas." Pero el sabio dice: "Lo que en mí desea no soy yo, y puede esperar." A menudo, cuando se presenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar: "

¡Qué molestia me causa esto!

Dejemos que otro lo haga.

" Pero el hombre le replica a su cuerpo: "Tú no me estorbarás para
practicar el bien."

El cuerpo es nuestro animal, el caballo en que cabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cuidarlo bien; no debéis fatigarlo; debéis alimentarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarlo escrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque sin un cuerpo perfectamente limpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, ni podríais soportar el esfuerzo incesante. 

Pero vosotros debéis gobernar constantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros.

El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él os inclina a la cólera, a la injuria, a la envidia, a la avaricia, a codiciar los bienes ajenos, a sumiros en la depresión. 

El cuerpo astral quiere todas estas cosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan las vibraciones intensas, así como el cambio constante de ellas. Mas vosotros no necesitáis estas cosas, y por esto debéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo.

Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente que es algo separado de lo demás; pensar dándose mucho valor a sí mismo y poco a los otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste en especular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros propios progresos, en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás. 

Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las diferentes cosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. 

Vosotros no sois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en este caso es necesario el discernimiento. Debéis vigilar constantemente, so pena de fracaso.

El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y lo injusto. 
Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto, sin importaros lo que el ignorante piense o diga. 

Debéis estudiar profundamente las leyes ocultas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestra vida de acuerdo con ella, empleando siempre la razón y el sentido común.

Debéis saber distinguir lo importante de lo secundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate, dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importancia.

Porque debéis ser siempre amables y cariñosos, razonables y condescendientes; habéis de conceder siempre a los demás la misma libertad que necesitáis para vosotros mismos.

Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, y recordad que no debéis juzgar las cosas por su aparente grandeza. 

Es mucho más meritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra de mayor apariencia de las que el mundo llama buenas.

Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y lo inútil, sino entre lo más útil y lo menos útil.

Alimentar a un pobre es bueno, útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil que alimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado, pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestro deber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.

No obstante, por sabios que seáis, tenéis mucho que aprender en este Sendero, y por esto también en él es preciso el discernimiento. Debéis pensar cuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. Todo conocimiento es útil, y llegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte, cuidad de que ésa sea la más útil.

Dios es tanto Sabiduría como Amor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis manifestar a Dios. Estudiad, pues; mas, en primer lugar, estudiad lo que os ayude a ayudar a los otros.

Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aun por tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudar sabiamente. Por mucho que deseéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacer más mal que bien.

Debéis saber distinguir lo falso de lo verdadero; debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, en palabra y en obra.

Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque en el mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadie que esté esclavizado por ellas puede progresar.

ASÍ pues, no debéis sostener una idea precisamente porque otros la sostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque esté escrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado. Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotros mismos, y juzgar si es razonable. Recordad que la opinión de un millar de hombres acerca de algún asunto que desconozcan no tiene ningún valor. Los que piensan hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque la superstición es uno de los mayores males del mundo, una de las ligaduras de que totalmente debéis desembarazaros.

En lo tocante a los demás, vuestros pensamientos deben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. No supongáis que los demás están siempre pensando en vosotros.

Si un hombre hace algo que parezca perjudicaros, o dice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces: "Quiere ofenderme." Probablemente ni siquiera piensa en vosotros, porque cada alma tiene sus propias tribulaciones y pensamientos, que flotan principalmente alrededor de ella. Si un hombre os habla colérico, no penséis: "Me odia, trata de herirme." Quizá otra persona o alguna otra cosa lo han contrariado, y porque tropieza
eventualmente con vosotros, descarga su cólera en vosotros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera es prueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicio
equivocado.

Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis poner siempre a tono la pureza de vuestros pensamientos comparándolos con los Suyos. Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe procurar fundir su pensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamiento no es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos del Maestro son perfectos, puesto que Él lo sabe todo. 

Los que todavía no han sido aceptados por Él, no pueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar a
menudo: "¿Qué pensaría el Maestro en estas circunstancias?" "¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?" Porque no debéis nunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndolo, diciéndolo o pensándolo.

Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sin exageración.

Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo su Maestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que no tenéis idea. Si oís que dicen algo en contra de alguna persona,

no lo repitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar. Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes.

Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal.

Debéis distinguir entre el egoísmo y el desinterés; porque el egoísmo se presenta bajo muchas formas, y cuando creáis que al fin lo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte como siempre. Pero gradualmente os irá animando tan por completo el pensamiento de ayudar a los demás, que no habrá lugar ni tiempo para pensar en vosotros mismos.

También debéis distinguir en otro sentido. Aprended a reconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del mal que puedan presentar en la superficie. 

Podéis ayudar a vuestros hermanos por medio de lo que tenéis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. 

Aprended a despertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso.

II

Hay muchos individuos para quienes la cualidad "CARENCIA DE DESEOS" es verdaderamente difícil, porque sienten que sus deseos son ellos mismos, y que si desechan sus deseos peculiares, sus gustos y disgustos, dejará de existir su yo. Pero esto les sucede tan sólo a quienes no han visto al Maestro. A la luz de su Santa Presencia se extinguen todos los deseos, menos el de igualarse a Él. Sin embargo, antes que gocéis, de la felicidad de encontraros frente a frente con Él, podréis alcanzar, si queréis, la "Carencia de deseos".

El Discernimiento os ha mostrado ya que las cosas que los hombres más desean, como la riqueza y el poder, no tienen valor alguno. Cuando esto no se dice tan sólo, sino que se siente en verdad, cesa todo deseo de ellos.

Así pues, todo eso es sencillo; sólo se requiere que lo comprendáis. Pero hay algunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar el cielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer en este error. Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que este yo sea libre o qué clase de cielo tendrá. Recordad que todo deseo egoísta ata, por elevado que sea su objeto, y en tanto no os hayáis librado de él no estaréis
enteramente preparados para dedicaros a la labor del Maestro.

Cuando desaparezcan todos los deseos que se refieren al yo, todavía puede existir el deseo de ver los resultados de vuestra obra. Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayudado; aun tal vez queréis que aquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca. Esto es todavía deseo, y, además, falta de confianza.

Cuando hacéis todo el esfuerzo que podéis para ayudar, debe dar un resultado, tanto si podéis verlo como si no; si reconocéis la manera de obrar de la Ley, sabéis que esto es así. Por esto
debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no con esperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por la esperanza de ver el resultado; debéis entregaros al servicio del
mundo, porque lo amáis y no podéis dejar de entregaros a él.

No deseéis poderes psíquicos; ya vendrán cuando el Maestro comprenda que debéis tenerlos.

Además, es esforzarse en adquirirlos trae consigo, muy a menudo, gran perturbación; frecuentemente, a su poseedor le descarrían los falaces espíritus de la naturaleza, o se envanece y cree que él no puede caer en error; y el tiempo y el esfuerzo que emplea para alcanzar estos poderes podría emplearlos, de cualquier otro modo, en trabajar para los demás. 

Los poderes vendrán en el curso del desarrollo; deben venir; y si el Maestro ve que es útil que los tengáis antes, os enseñará a desarrollarlos sin peligro. Hasta entonces, estaréis mejor sin ellos.

Además, debéis precaveros de ciertos pequeños deseos que son comunes en la vida diaria. No deséis jamás brillar o parecer superior en ningún sentido; no habléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéis seguros de que lo que vais a decir es:

VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS. Antes de hablar, pensad cuidadosamente si lo que vais a decir posee estas tres cualidades; si no es así, no lo digáis.

Lo mejor es acostumbrarse desde el primer momento a pensar cuidadosamente antes de hablar, porque cuando alcancéis la Iniciación debéis fijaros en cada palabra, no sea que digáis lo
que no debe decirse. Mucha habladuría vulgar es insensata y vana; cuando es chismosa, es maligna. Así, acostumbraos a escuchar, mejor que a hablar, no expongáis opiniones, a menos que os las pidan directamente. En resumen; las cualidades son: saber oír, querer y callar; y la última es la más ardua de todas.

Otro común deseo que debéis reprimir severamente es el de inmiscuiros en los asuntos de los demás. Lo que otro haga o diga o crea, no es cosa vuestra, y debéis aprender a dejarlo
completamente solo. 


Él tiene perfecto derecho al pensamiento, palabra y acción libres, mientras no se meta con otro. Así como vosotros reclamáis la libertad de hacer lo más conveniente, debéis concederle la misma libertad, y cuando la usufructúa no tenéis ningún derecho a ocuparos de él.

Si pensáis que obra equivocadamente, y podéis hallar oportunidad de decirle privadamente y con la mayor delicadeza vuestra opinión, es posible que lo convenzáis; pero hay muchos casos en que, aun de esta manera, la intervención sería impropia. Nunca debéis hablar a una tercera persona acerca del asunto, porque ésta es una acción muy baja.

Si veis un caso de crueldad contra un niño o un animal, vuestro deber es defenderlos. Si estáis encargado de instruir a otra persona, es vuestro deber reprender afectuosamente sus faltas.

Excepto en semejantes casos, ocupaos de vuestros propios asuntos y ejercitad la virtud del silencio.

III

Las seis reglas de conducta que particularmente se requieren, las da el Maestro en este orden:

1ª Dominio de la mente.

2ª Dominio de la acción.

3ª Tolerancia.

4ª Alegría.

5ª Aspiración única.

6ª Confianza.

Sé que algunas de estas cualidades se han denominado diferentemente, pero yo hago uso de los nombres que el Maestro mismo les daba al explicármelas.

1ª DOMINIO DE LA MENTE. — La cualidad "Carencia de deseos" nos demuestra que debemos dominar el cuerpo astral; esta otra significa lo mismo con relación al cuerpo mental. 

Ello implica dominio del temperamento, de suerte que no podáis sentir cólera o impaciencia; dominio de la mente, de modo que podáis sosegar y tranquilizar el pensamiento y, por medio de la mente, dominio del sistema nervioso, a fin de que se excite lo menos posible.

Esto último es difícil, porque cuando os preparáis para entrar en el Sendero, no podéis evitar que vuestro cuerpo se haga más sensitivo, y así los nervios son perturbados por cualquier choque o sonido, y sienten agudamente cualquier presión; mas debéis hacer lo posible por evitarlo.

Mente tranquila significa también valor para arrastrar sin temor las pruebas y dificultades del Sendero; significa además firmeza para considerar serenamente cuanto os acontezca en la vida cotidiana, y evitar el incesante tedio e inquietud que dimanen de ciertos pormenores de la vida, en los que muchos malgastan la mayor parte del tiempo. 

El Maestro enseña que a un hombre no le debe importar lo más mínimo cuanto provenga del exterior: tristezas, disgustos,  enfermedades,  pérdidas; todo esto nada debe significar para él, ni ha de permitir que perturbe la calma de su mente. Estas cosas son resultado de pasadas acciones, y cuando sobrevengan,
debéis soportarlas con calma, recordando que todo mal es transitorio, y que vuestro deber es permanecer siempre contentos y serenos. Aquello pertenece a vuestras vidas anteriores, no a
ésta; no podéis alterarlo, y, así es inútil preocuparos por ello. Pensad, mejor, lo que hacéis ahora, lo cual determinará los acontecimientos de vuestra próxima vida, pues esto podéis
modificarlo.

No cedáis jamás a la tristeza ni a la depresión.

La depresión es un mal, porque contamina a otros y torna sus vidas más penosas, a lo cual no tenéis derecho alguno. Por esta razón, si alguna vez os acometen, desechadlas para siempre.

Aun en otro sentido debéis dominar vuestro pensamiento; no le permitáis errar a la ventura.

Fijad la atención en lo que estéis haciendo, sea lo que fuere, para que lo hagáis con toda la perfección posible; no acostumbréis vuestra mente a la vagancia; antes bien conservad buenos
pensamientos siempre en su fondo, dispuestos a surgir en el momento en que ella esté libre.

Emplead todos los días el poder de vuestro pensamiento en buenos propósitos; convertíos en un poder que trabaje de acuerdo con la volución. Pensad cada día en alguno de quien sepáis que está triste, que sufre o que necesita ayuda, y enviadle pensamientos de amor.

Apartad vuestra mente del orgullo, porque el orgullo es hijo de la ignorancia. El ignorante cree ser grande, cree que ha hecho esta o aquella gran cosa; el sabio sabe que tan sólo Dios es grande y que sólo Él es el hacedor de todas las cosas buenas y perfectas.

2a DOMINIO DE LA ACCIÓN. — Si vuestra mente es tal como debe ser, se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a la Humanidad, el pensamiento debe convertirse
en acción.

En esta labor no caben tibiezas, sino una constante actividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a no ser con su permiso y con el fin de ayudarlos. 

Dejad que cada cual cumpla su propio deber, a su modo peculiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vuestro apoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. Porque, para algunas
personas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cumplir sus propios deberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer.

Aunque tratéis de realizar una labor más elevada, no por ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos no queden satisfechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. No os comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir
perfectamente aquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes que reconozcáis como evidentes y razonables, no deberes imaginarios que otros traten de imponeros. Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestros deberes ordinarios mejor y no peor que los demás; porque haciendo esto también Les servís.

3ª TOLERANCIA.—Debéis sentir perfecta tolerancia hacia todos y un sincero interés por las creencias de los que profesan otras religiones, tanto como por la que profesáis. Porque la religión de los otros es un sendero que conduce a lo más elevado, lo mismo que la vuestra.

Para ayudar a todos, debéis comprenderlos.

Mas, para alcanzar esta perfecta tolerancia, debéis libraros antes del fanatismo y de la superstición. Debéis saber que no hay ceremonias necesarias; de otro modo es consideraríais algo mejores que los que no las practican. Sin embargo, no debéis vituperar a los que aun las
necesitan. Dejadles hacer su voluntad; pero ellos no deben meterse con vosotros, que sabéis la verdad, ni deben tratar de imponeros aquello que habéis trascendido. Sed indulgentes y bondadosos en todo.

Ahora que vuestros ojos están abiertos, quizás os parezcan absurdas algunas de vuestras antiguas creencias y ceremonias; tal vez lo sean en realidad. Pero, aunque ya no toméis parte en ellas, respetadlas por consideración a aquellas buenas almas para quienes todavía tienen importancia. Ellas tienen su lugar y su utilidad, como la falsilla le sirve a un niño para escribir derecho, hasta que aprende a escribir mejor y con mayor igualdad sin ella. Hubo un tiempo en
que las necesitasteis, pero ya pasó aquel tiempo.

Un gran instructor dijo: "Cuando yo era niño, hablaba, comprendía y pensaba como niño; pero ya hombre, di de lado las niñerías."

Quien haya olvidado su infancia y perdido la simpatía por los niños no puede enseñarles ni ayudarles. Así, sed bondadosos, amables, tolerantes con todos los hombres sin distinción, sean buddhistas o indos, jainas o judíos, cristianos o musulmanes.

4ª ALEGRÍA.—Debéis sobrellevar alegremente vuestro karma, cualquiera que sea, aceptando como un honor que el sufrimiento caiga sobre vosotros, porque esto demuestra que los Señores del Karma os consideran dignos de ayuda. Por muy penoso que resulte, agradeced que no sea peor. Recordad que podréis servir muy poco para la labor del Maestro, mientras vuestro mal karma no se extinga y quedéis libres. Al ofreceros a Él, habéis pedido que se acelerase vuestro karma, y así, en una o dos vidas haréis lo que de otro modo hubierais debido hacer en cientos. Pero a fin de obtener el mejor resultado, debéis sobrellevarlo alegremente.

Todavía hay otro aspecto. Debéis desechar toda idea de posesión. El Karma puede arrebataros las cosas que más queráis y hasta a las personas que más améis. Aun entonces debéis permanecer alegres, dispuestos a separaros de todo. A menudo el Maestro necesita verter Su fuerza sobre otros por medio de Su discípulo e incondicional servidor; y si éste cayese en la depresión no podría Él realizarlo. Así, la alegría debe ser vuestra norma.

5ª ASPIRACIÓN ÚNICA.—El objetivo que debéis tener a la vista es realizar la obra del Maestro. No debéis jamás olvidarla, cualesquiera que sean las ocupaciones que os salgan al paso, y ninguna otra labor puede interponerse en vuestro camino, porque toda la que sea fecunda y desinteresada es labor del Maestro, y debéis ejecutarla por amor a Él. 

Además, debéis poner toda vuestra atención en cada parte de la misma, para que la hagáis lo más perfecta posible. El mismo Instructor dijo también: 

"Sea lo que fuere que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. 

Pensad cómo ejecutaríais una obra si supieseis que el Maestro ha de venir a verla; así debéis realizar toda labor." Los más conscientes sabrán mejor lo que este versículo significa. Y hay otro semejante y mucho más antiguo: "Esfuérzate tanto como puedas en cumplir cualquier cosa que se te presente."

Aspiración única significa también que nada deberá jamás desviaros, ni siquiera por un momento, del sendero en que habéis entrado. Ni tentaciones, ni placeres terrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él. Porque vosotros mismos debéis identificaros con el Sendero, el cual ha de formar parte de vuestra natulareza, de tal modo que lo sigáis sin necesidad de pensar en él ni en la posibilidad de abandonarlo. 

Vosotros, la Mónada, lo habéis decidido; desprenderos de él equivaldría a desprenderos de vosotros mismos.

6ª CONFIANZA.—Debéis confiar en vuestro Maestro; debéis confiar en vosotros mismos. Si ya habéis visto al Maestro, confiaréis del todo en Él a través de vidas y muertes. Si aún no Lo
habéis visto, debéis tratar de imaginároslo y confiar en Él, porque si no lo hiciéreis, no podrá Él ayudaros. Sin completa confianza no puede establecerse la perfecta corriente de amor y de poder.

Debéis tener confianza en vosotros mismos. ¿Decís que os conocéis bien a vosotros mismos? Si tal creéis, no os conocéis; tan sólo conocéis la débil corteza externa que con frecuencia cae en el cieno. Vosotros, vuestro Yo real, es una chispa del propio Fuego Divino; y como Dios, que es omnipotente, está en vosotros, nada hay que no podáis hacer si queréis.

Decíos: "Lo que hizo un hombre, otro hombre puede hacerlo. Yo soy un ser humano, más aún, soy Dios en el hombre: puedo y quiero hacerlo." Porque vuestra voluntad debe ser cual acero templado, si queréis hallar el Sendero.

IV

El Amor es la cualidad más importante, porque cuando es bastante fuerte en un hombre, lo estimula a revestirse de todas las demás, que sin ella nunca serían suficientes. Suele definirse el amor como un intenso deseo de unión con Dios y de liberación de la rueda de nacimientos y muertes. Pero este concepto del amor suena a egoísta e implica sólo una parte de su significado. El amor es más que deseo; es voluntad, resolución, determinación. 

Para producir este resultado, la resolución debe llenar vuestra naturaleza entera, hasta el punto de no dejar lugar para ningún otro sentimiento. Es, sin duda, la voluntad de ser uno con Dios, no para escapar del sufrimiento y de la fatiga, sino a fin de que, en razón de vuestro amor profundo hacia Él, podáis obrar con Él y como Él obra... Pues siendo Dios Amor, si queréis llegar a ser uno con Él, debéis también estar poseídos de amor y perfecto altruismo.

En la vida diaria, esto significa dos cosas: primera, que procuréis cuidadosamente no causar daño a ningún ser viviente; segunda, que siempre estéis alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar.

Primero, no dañar. Hay tres pecados que causan en el mundo mayores males que todos los demás: maledicencia, crueldad y superstición, porque son pecados contra el amor. Si el
hombre quiere henchir su corazón de amor divino, ha de vigilarlos y combatirlos constantemente.

Veamos los efectos de la maledicencia: Principia con el mal pensamiento, y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas las personas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A
cualquiera de éstos podemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estorbar la evolución; podemos hacer la voluntad del Logos o trabajar en contra de ella.

Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquidades a un tiempo:

1 -- Llenáis el ambiente que os rodea de malos pensamientos en vez de buenos, y así aumentáis las tristezas del mundo.

2 -- Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestro hermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta a vuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto, podéis convertirlo en aquello que de él habéis pensado.

3 -- Nutrís vuestra propia mente de malos en vez de buenos pensamientos, y así impedís vuestro propio desarrollo y os hacéis, a los ojos de quienes pueden ver, un objeto feo y repulsivo, en vez de bello y amable.

No contento con hacerse todo este daño y hacerlo a su víctima, el maldiciente procura con todas sus fuerzas que los demás participen de su crimen. Les expone con vehemencia su chisme, con la esperanza de que lo crean, y entonces los convencidos cooperan con él, enviando malos pensamientos al pobre paciente. Y esto continúa día tras día, y no lo hace sólo una persona, sino miles. 

¿Veis ahora cuán bajo, cuán terrible es este pecado? Procurad
evitarlo en absoluto. No habléis jamás mal de nadie; negaos a escuchar a quien os hable mal de otro, y decidle, afectuosamente: "Tal vez eso no sea verdad, y, aunque lo fuese, es mejor
no hablar de ello".

En cuanto a la crueldad, ésta es de dos clases: intencionada y sin intención.

La crueldad intencionada consiste en causar, de propósito, dolor a otros seres vivientes, y éste es el pecado más grave de todos: obra de diablo más bien que de hombre. Diréis que ningún hombre puede hacer una cosa semejante; pero precisamente los hombres la han hecho muy a menudo y aún la están haciendo cada día. Los inquisidores la practicaron, y también muchas gentes religiosas en nombre de su religión; los vivisectores, así como habitualmente
algunos maestros de escuela. 

Todas estas personas tratan de excusar su brutalidad con la costumbre; pero un crimen no deja de serlo porque muchos hombres lo cometan. Karma no tiene en cuenta las costumbres; y el karma de la crueldad es el más terrible. En la India, al menos, no puede haber excusa para tales costumbres, porque todos conocen el deber de no acusar mal a nadie. 

El destino de los crueles cae también sobre aquellos que se dedican 
intencionadamente a matar a las criaturas de Dios, y llaman a esto deporte.

Ya sé que tales cosas no las efectuáis vosotros, y por amor de Dios hablaréis claramente contra ellas cuando la oportunidad se os presente. Pero también hay crueldad en las palabras como en los actos, y una persona que diga una palabra con intención de herir a otra es culpable de este crimen. Esto tampoco lo haréis vosotros; pero algunas veces una palabra dicha al descuido hace tanto daño como una maliciosa. Así pues, debéis estar siempre en guardia contra la crueldad no intencionada.

En general, ello procede de la irreflexión. Hay hombres tan poseídos de la ambición y de la avaricia, que ni siquiera se dan cuenta del sufrimiento que causan a los demás pagándoles poco, o haciendo pasar hambre a su mujer e hijos Otros, pensando tan sólo en su codicia, se preocupan poco de los cuerpos y de las almas, a quienes arruinan por satisfacerla. 

Para librarse de unos cuantos minutos de molestia, un hombre deja de pagar a sus obreros el día que les corresponde, sin acordarse de las dificultades que este hecho les reporta. ¡Tanto sufrimiento se causa por descuido, por olvidar cómo una acción ha de afectar a los demás!...

Pero Karma nunca olvida, y no tiene en cuenta que los hombres olviden los hechos.

Si deseáis entrar en el Sendero, debéis pensar en las consecuencias de vuestros actos, para que no seáis culpables de crueldad irreflexiva.

La superstición es otro mal tremendo, que ha causado grandes y terribles crueldades. 

Las personas esclavas de ella menosprecian a las que saben más, y tratan de obligarlas a hacer lo que ellas hacen.

Pensad en la horrorosa matanza debida a la superstición de sacrificar a los animales y al todavía más terrible prejuicio de que el hombre necesita alimentarse de carnes. 

Pensad en el trato a que la superstición ha dado motivo con respecto a las clases oprimidas en nuestra amada India, y ved cómo esta mala tendencia puede engendrar una despiadada
inconsideración, aun entre los que conocen el deber de fraternidad.

Los hombres han cometido muchos crímenes en nombre del Dios de Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; cuidad mucho de que no quede en vosotros ni el más leve vestigio de ella.

Debéis evitar estos tres grandes delitos, porque son fatales a todo progreso, por ser pecados contra el amor. Pero no tan sólo estáis obligados a refrenaros de este modo ante el mal, sino que habéis de ser activos para el bien. El intenso deseo de servir ha de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mira para aplicarlo alrededor de vosotros no tan sólo a las personas, sino a los animales y a las plantas. Debéis prestar vuestro servicio hasta en las
pequeñas cosas de la vida diaria, de modo que, acostumbrándoos a ello, no podáis substraeros, cuando se presente la oportunidad de hacer cosas de mayor importancia. 

Pues si deseáis llegar a ser uno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertiros en canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes.

El que está en el Sendero no vive para sí mismo, sino para los demás; se olvida de él para poder servirlos. Es a manera de pluma en manos de Dios, por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, lo que no podría suceder sin ella. 

Es a manera de un canal de fuego viviente que derrama sobre el mundo el Divino Amor que llena su corazón.

La sabiduría que os capacita para ayudar, la voluntad que dirige la sabiduría, el amor que inspira la voluntad, éstas son vuestras cualidades.

Voluntad, Sabiduría y Amor son los tres aspectos del Logos; y vosotros, que deseáis alistaros para servirlo, debéis, hacer gala de ellos en el mundo.

Quien la palabra del Maestro anhele, De Sus mandatos póngase en escucha.

Entre el fragor de la terrena lucha, Y la escondida Luz atento cele.

Sobre el inquieto y mundanal gentío, Del Maestro atisbe la señal más leve, Y oiga el susurro que Su voz eleve del mundo entre el rugiente griterío.

lunes, 6 de mayo de 2013

EL ARTE DE LA PAZ : Morihei Ueshiba - El Aikido





Morihei Ueshiba (1883-1969)
Desarrollo El Aikido. 
La característica fundamental del Aikido es la búsqueda de la armonización/ neutralización del contrario en situaciones de conflicto, dando lugar a la derrota del adversario sin dañarlo; propiciando la educación del instinto propio, la auto-reflexión y la evolución del oponente. En lugar de "simplemente" destruirle o humillarle; buscando a su vez el propio crecimiento personal. Formándonos como personas valiosas para la sociedad y promotores de la paz. 


Desde tiempos antiguos, el valor y el conocimiento han sido los dos pilares del Sendero: a través de la virtud del entrenamiento, ilumina tu cuerpo y tu espíritu.


Cuando se adelanta un oponente, enfréntalo y salúdalo; si intenta retroceder, déjalo seguir su camino.


Tu espíritu es el verdadero escudo


El verdadero guerrero siempre cuenta con tres armas:
1) La radiante espada de la pacificación;
2) El espejo de la valentía, la amistad y la sabiduría;
3) La piedra preciosa de la iluminación.


Mantén siempre tu mente luminosa y clara como el cielo amplio, como el gran océano y el pico más alto, vacía de todo pensamiento. Mantén siempre tu cuerpo lleno de luz y calor.



Llénate con el poder de la sabiduría y de la iluminación.


Agradece siempre, incluso las derrotas, las penurias y a las personas malas.



Aprender a moverse con tales obstáculos es una parte esencial del entrenamiento en el Arte de la Paz.


Herir a un oponente es herirte a ti mismo.



El Arte de la Paz es controlar la agresión sin producir daños.



Tan pronto como te ocupes del "bien" y el "mal" de tus semejantes, creas una abertura en tu corazón por la que entra la malicia.



Examinar, competir y criticar a otros te debilita y te derrota


En el Arte de la Paz no hay contiendas.


El verdadero guerrero es invencible porque no lucha con nadie.

Vencer significa derrotar la idea de disputa que albergamos en nuestra mente. 


No son necesarios edificios, dinero, poder o prestigio para practicar el Arte de la Paz.
El cielo está exactamente allí donde te hallas y ese es el lugar para entrenarse.


La vía del buda es hacer del corazón del universo nuestro propio corazón


Para practicar plenamente el arte del Aikido, debes calmar el espíritu y regresar al origen.

Limpiar el cuerpo y el espíritu removiendo malicia, egoísmo y deseo.


Sé siempre agradecido por los dones recibidos del Universo, tu familia, la Madre Naturaleza y tus semejantes los Seres Humanos


Trabaja sobre ti mismo y con la tarea que te ha sido asignada en el arte de La Paz.

Todos tenemos un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser entrenado de cierta manera, un sendero conveniente para seguir.

Estas aquí con el solo propósito de darte cuenta de tu divinidad interior y manifestar tu iluminación innata.

Alimenta La Paz en tu propia vida y luego aplica el arte a todo lo que encuentres.


Todas las cosas materiales y espirituales, surgen de una misma fuente y están relacionadas como si formaran una familia.

El pasado, el presente y el futuro están contenidos en la fuerza de la vida.


El universo emergió y se desarrolló desde una fuente única,
y nosotros evolucionamos a través del proceso óptimo
de unificación y armonización.


El arte de La Paz es la medicina para un mundo enfermo.
En el mundo existen el mal y el desorden porque la gente ha olvidado que todas las cosas emanan de una sola fuente.
Regresa a esa fuente y deja atrás todo pensamiento autocentrado,
todo deseo mezquino y toda ira.
Aquellos que son poseídos por la nada poseen todo.


Si no te has unido a la verdadera vacuidad, nunca comprenderás el arte de la paz.


El arte de La Paz funciona en todas las partes de la tierra,
desde la vastedad del espacio hasta la más pequeña planta
o hasta el más pequeño animal. 

La fuerza de la vida lo penetra todo y su fortaleza es ilimitada.
El arte de la paz nos permite percibir y recurrir a esa enorme reserva de energía universal.


Ocho fuerzas sostienen la creación:
Movimiento y quietud,
Solidificación y fluidez,
Extensión y contracción,
Unificación y división.


La vida es crecimiento.
Si detenemos el crecimiento, técnica y espiritualmente
somos tan útiles como cadáveres.
El arte de la paz es la celebración del enlace del cielo,
la tierra y la humanidad. 


Es todo lo verdadero, lo bueno y lo bello.


Una y otra vez será necesario que te retires
entre las montañas profundas y valles ocultos
para restablecer tu lazo con la fuente de vida.
Inspira y déjate llevar a los confines del universo; 
espira y deja al cosmos regresar dentro de ti.
Luego aspira toda la fecundidad y vitalidad de la tierra.
Por ultimo, combina el aliento del cielo
y el aliento de la tierra con el tuyo propio.
Transformándote en el aliento mismo de la vida.


Todos los principios del cielo y de la tierra están vivos dentro de ti.
La vida misma es la verdad y esto nunca cambiara.
Todo, en el cielo y en la tierra, respira.
La respiración es el hilo que ata la creación y la mantiene unida.
Cuando la miríada de variaciones de la respiración universal puede ser percibida,  
nacen las técnicas individuales del arte de la paz. 

Considera el flujo y el reflujo de la marea. 
Cuando las olas vienen a golpear la orilla, se alzan y caen provocando un sonido.
Tu respiración debería seguir el mismo patrón,
absorbiendo el universo entero en tu vientre con cada inhalación.


Debes saber que todos tenemos acceso a cuatro tesoros:
la energía del sol y de la luna, la respiración del cielo,
la respiración de la tierra y el flujo y el reflujo de la marea.

Aquellos que practican el arte de la paz deben proteger los dominios de la madre naturaleza, divino reflejo de la creación,
y mantenerla fresca y bella.
La calidad del guerrero da origen a la belleza natural. 
Las técnicas sutiles de un guerrero surgen tan naturalmente
como aparecen la primavera, el verano, el otoño y el invierno.
La calidad del guerrero no es otra cosa que
la vitalidad que sustenta toda la vida.


Cuando la vida es victoriosa, hay nacimiento;
cuando impedida, hay muerte.
El guerrero esta permanentemente
dedicado a una lucha de vida o muerte por la paz.


Contempla las obras de este mundo, escucha las palabras del sabio y toma todo lo que es bueno como propio.
Con esto como base, abre tu propia puerta a la verdad.
No desprecies la verdad que esta justo ante ti.
Observa como fluye el agua en el arroyo de un valle,
suave y libremente entre las rocas.
Aprende también de los libros sagrados
y de la gente sabia.
Cada cosa incluyendo ríos y montañas, plantas y árboles-
debería ser tu maestro.

Crea cada día vistiéndote con cielo y tierra, 
bañándote con sabiduría y amor y colocándote en el corazón de la madre naturaleza.


No dejes de aprender de la voz pura del arroyo de la montaña
que fluye eternamente salpicando las rocas.
La paz se origina con el fluir de las cosas, su corazón es como el movimiento del viento y de las olas.
El camino es como las venas que hacen circular la sangre
a través de nuestros cuerpos, siguiendo el curso natural de la fuerza de la vida.


Si estas separado siquiera un poco de la esencia divina,
estas lejos del sendero.


Tu corazón esta lleno de semillas fértiles esperando brotar.
Del mismo modo que una flor de loto surge del todo
para florecer en todo su esplendor, la interacción de la respiración cósmica hace florecer el espíritu para que de fruto en este mundo.

Estudia las enseñanzas del pino, del bambú y del pimpollo del ciruelo. 
El pino esta siempre verde, firmemente enraizado y es venerable.
El bambú es fuerte, resistente e inquebrantable.
El pimpollo de ciruelo es vigoroso, perfumado y elegante.


El brillo penetrante de las espadas sostenidas por los seguidores del camino golpea al malvado enemigo escondido en el interior profundo de sus propios cuerpos y almas.


El arte de la paz no es fácil. Es una lucha hasta el fin,
la matanza de los malos deseos y de la falsedad interior.
En algunas ocasiones, la voz de la paz resuena como un trueno,
sacudiendo a los seres humanos y sacándolos de su letargo.


Clara como el cristal, aguda y brillante, la espada sagrada no admite sitio para alojar el mal.

El arte de la paz esta basado en cuatro grandes virtudes: 
valor, sabiduría, amor y amistad, simbolizadas por el fuego, el cielo, la tierra y el agua.


La esencia del arte de la paz es limpiar tu ser de malicia,
armonizar con tu ambiente y despejar tu sendero de todos los obstáculos y barreras.


La única cura para el materialismo
es la limpieza de los seis sentidos
(ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente).
Si los sentidos están obstruidos, la percepción se enturbia.
Cuanto mas turbia la percepción, más se contaminan los sentidos.
Esto crea desorden en el mundo
y ese es el mal más grande.
Refina tu corazón, libera los seis sentidos
y déjalos funcionar sin obstrucciones,
y tu cuerpo y alma enteros brillaran.


Toda vida es una manifestación del espíritu.
La manifestación del amor y el arte de la paz
es la forma más pura de ese principio.

Un guerrero es responsable 
de detener toda la discusión y toda lucha.
El amor universal funciona de formas diversas;
a cada manifestación se le debe permitir libre expresión.
El arte de la paz es verdadera democracia.


Todos y cada uno de los maestros, sin importar época o lugar
recibieron la llamada y alcanzaron la armonía con el cielo y la tierra. Hay muchos senderos que llevan a la cima del monte Fuji,
pero hay una sola cumbre: el amor.


La lealtad y la devoción hacen al valiente.
La valentía conduce al espíritu del sacrificio.
El espíritu de sacrificio genera confianza en el poder del amor.

El arte de la paz no se apoya en armas ni en la fuerza para triunfar:
en lugar de eso nos afinamos con el universo,
mantenemos la paz en nuestros ámbitos,
nutrimos la vida y evitamos la muerte y la destrucción.
El verdadero significado de la palabra samurai
es aquel que sirve y adhiere al poder del amor.

Alberga y refina el espíritu del guerrero 
mientras prestas tu servicio en el mundo;
ilumina el sendero de acuerdo con tu luz interior.
El sendero de la paz es extremadamente vasto;
refleja el propósito de ambos mundos,
el manifiesto y el oculto.


El guerrero es el templo viviente de lo divino,
el que esta al servicio de ese propósito.


Tu mente debería armonizar con el funcionamiento del universo;
tu cuerpo, con el movimiento del universo;
mente y cuerpo formando una unidad
que se unifica con la actividad del universo.


El entrenamiento diario en el arte de la paz
hace que tu divinidad interior brille cada vez más.



No te ocupes de lo bueno y de lo malo de los otros.
No estés haciendo cuentas, actúa con naturalidad,
mantén tu mente dirigida al arte de la paz
y no critiques otras enseñanzas o tradiciones.
El arte de la paz no restringe ni limita
ni pone trabas a ninguna cosa.
Lo abraza todo y todo lo purifica.


Practica el arte de la paz con sinceridad,
y los malos pensamientos y malas acciones
desaparecerán naturalmente.
El único deseo que debe permanecer
es la sed por capacitarse cada vez más en el Sendero.


Los que han alcanzado la iluminación
nunca cesan de trabajarse a si mismos.
La comprensión de tales maestros
no puede expresarse en palabras o teorías.
Las acciones mas perfectas son el eco de patrones
que se encuentran en la naturaleza.




El hierro esta lleno de impurezas que lo debilitan;
la forja lo transforma en acero y hace de el una espada filosa.
Los seres humanos se desarrollan del mismo modo.


El arte de la paz es el principio de la no resistencia,
porque no es resistente, cuenta desde el comienzo con la victoria.
Los que tienen malas intenciones o pensamientos pendencieros
son derrotados instantáneamente.


En el arte de la paz no hay contiendas.
El verdadero guerrero es invencible porque no lucha con nadie.
Vencer significa derrotar la idea de disputa que albergamos en nuestra mente.


Herir a tu oponente es herirte a ti mismo. 

El arte de la paz es controlar la agresión sin producir daños.


Una buena postura refleja la actitud correcta de la mente.


La clave de la técnica es mantener manos,
pies y caderas derechos y centrados.
Si estas centrado, puedes moverte con libertad.
El centro de tu cuerpo es el vientre;
si tu mente también esta allí,
tienes la victoria asegurada en toda acción.
Si tu oponente te ataca con fuego, 
responde con agua, hazte totalmente móvil y de libre fluir.
El agua, por su naturaleza, nunca choca con nada ni se quiebra.
Por el contrario, absorbe todo ataque y queda indemne.


Funcionando en armonioso conjunto, la derecha y la izquierda dan origen a todas las técnicas.
La mano izquierda se apodera de la vida y la muerte;
la mano derecha las controla.
Las cuatro extremidades del cuerpo
son los cuatro pilares del cielo, y se manifiestan las ocho direcciones, yin y yan, exterior e interior.


Las técnicas del arte de la paz no son rápidas ni lentas,
no están afuera ni adentro.
Están más allá del tiempo y del espacio.


El cuerpo debería ser triangular, la mente circular.
EL triangulo representa la generación de energía
y es la postura física mas estable.
El circulo simboliza serenidad y perfección,
la fuente ilimitada de técnicas.
El cuadrado representa la solidez, la base del control.




Si tu corazón es amplio como para abarcar a tus adversarios,
puedes ver a través de ellos y evitar sus ataques.
Una vez que los has abarcado, serás capaz de guiarlos
por el camino que el cielo y la tierra te han enseñado.


No encares este mundo con temor y rechazo.
Afronta con valor todo lo que los dioses ofrecen.


Cada día de la vida humana contiene ira y alegrías;
dolor y placer; luz y oscuridad; crecimiento y decadencia.
Cada momento esta marcado con el gran propósito de la naturaleza;
no trates de oponerte o negar el orden cósmico de las cosas.


El fracaso es la clave del éxito. Cada error nos enseña algo.


En situaciones extremas, el universo entero se transforma en nuestro enemigo; en momentos tan críticos, la unidad de mente y técnica es esencial: ¡no permitas que tu corazón titubee!


El arte de la paz es completar lo faltante.


Para poder iluminar el sendero es necesario estar preparado para recibir el noventa y nueve por ciento de ataque enemigo
y enfrentar el rostro de la muerte.


En nuestras técnicas entramos completamente,
nos mezclamos en totalidad y controlamos con firmeza un ataque.
La fuerza se encuentra cuando el ki es estable y esta concentrado;
la confusión y la malicia surgen cuando el ki se estanca.




Existen dos tipos de ki:
el ki mundano y el ki verdadero.
El ki mundano es pesado y denso;
el ki verdadero es liviano y versátil.
Para desempeñarte bien, debes liberarte de tu ki mundano
e impregnar tus órganos con ki verdadero.
Esta es la base de una técnica poderosa.


En el arte de la paz nunca atacamos.
Atacar es prueba de que uno esta fuera de control.


Nunca huyas de un desafió, pero no trates de eliminar o controlar a un oponente de manera antinatural.
Deja que los atacantes se acerquen del modo que quieran y mézclate con ellos.
Nunca persigas a un oponente.
Reorienta todo ataque y mantente firmemente atrás.


Al verme frente a él, el enemigo ataca, pero para ese momento, ya me encuentro firma y seguro detrás de él.

Continuamente los oponentes nos confrontan 
pero no hay allí oponente alguno.
Entra profundamente en el ataque y neutralízalo
atrayendo la fuerza que va en dirección errada hacia tu propia esfera.


No mires fijamente los ojos de tu oponente: podría hipnotizarte.
No fijes tu mirada en su espada: podría intimidarte.
No enfoques la mirada en tu oponente: podría absorber tu elegía.
La esencia del adiestramiento
es atraer completamente a tu oponente dentro de tu esfera,
entonces podrás situarte donde desees.


Hasta el más poderoso de los seres humanos
tiene una esfera de fuerza limitada.
Sácalo de esa esfera y atráelo a la tuya:
su fuerza se disipara.
El verdadero arte de la paz es no sacrificar uno solo de tus guerreros para vencer al enemigo.

Derrota a tus enemigos manteniéndote siempre en una posición inatacable y a salvo; entonces, no habrá pérdidas en ningún bando.


El camino del guerrero, el arte de la política, es detener el conflicto antes de que se inicie. 

Consiste en derrotar al adversario espiritualmente,
haciéndole ver la locura de su acción.
El camino del guerrero es establecer la armonía.


El arte de la paz puede resumirse así:
La verdadera victoria es la victoria sobre si. ¡Que ese día llegue con premura!
La “verdadera victoria” significa coraje temerario;
“victoria sobre si” simboliza esfuerzos sin titubeos,
y ¡Que ese día llegue con premura!
Representa el momento glorioso del triunfo en el aquí y ahora.

Arroja fuera de ti los pensamientos que te limitan 
y regresa a la verdadera vacuidad.
Sitúate en el medio del gran vacío.
Este es el secreto del camino del guerrero.
Finalmente, debes olvidar las técnicas.
Cuanto mas progresas, menos enseñanzas hay.
El gran sendero verdaderamente es un no sendero.

martes, 31 de julio de 2012

ANTIGUA BENDICIÓN IRLANDESA.


ANTIGUA BENDICIÓN IRLANDESA.

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que nunca quieras vivir tanto como vives.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron.
Pero nunca te olvides de recordar las cosas que te alegraron.
Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos.
Pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron contigo.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron
Pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que el día más triste de tu futuro no sea mayor a la felicidad del día más feliz de tu pasado.
Que nunca se te venga el techo encima y que los amigos reunidos debajo de él, nunca se vayan.
Que siempre tengas palabras cálidas en un frío anochecer,
Una luna llena en una noche oscura,
Y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que haya una generación de hijos en los hijos de tus hijos.
¡Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte!
Que el Señor te guarde en Su mano y nunca apriete mucho el puño.
Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen,
Que los ángeles te protejan, y que el cielo te reciba,
Que la fortuna de las colinas irlandesas te abracen.
Que las Bendiciones de San Patricio te contemplen.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero,
Que la buena suerte te persiga, cada día y cada noche.
Muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto a la fogata,
Risas para consolarte y aquellos a quienes amas cerca de ti,
¡Y todo lo que tu corazón desee!
Que Dios esté contigo y te bendiga,
Que veas a los hijos de tus hijos,
Que el infortunio sea pobre, seas rico en bendiciones.
Que no conozcas nada más que la felicidad
Que desde este día en adelante, Dios te conceda muchos años de vida,
De seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.

viernes, 27 de julio de 2012

*LOS CUATRO ACUERDOS*.... Sabiduría Tolteca




Los toltecas una de las tribus de Mesoamérica, cuya lengua era el Náhuatl, se establecieron en el centro de México en Tula que se convirtió luego en un imperio que dominaba el centro de México ya hacia el año de 1050 DC.

Poseían una cultura muy rica siendo su Dios principal


Quetzalcóatl, dios del bien, hombre y sacerdote, símbolo de inteligencia de este pueblo.

El conocimiento esotérico de los toltecas fue transmitido de generación en generación a siendo el Dr Miguel Ruíz un náhualt perteneciente al linaje tolteca especificicamente a los


" guerreros del águila"


El Dr. Miguel Ruíz es maestro tolteca y es el autor del libro


"Los cuatro acuerdos",


tratado de sabiduría tolteca que nos enseña cuatro verdades tan simples y tan poco usadas por nosotros en nuestra sociedad actual.


El Dr Miguel Ruíz nos dice en el prólogo de su libro "Los cuatro acuerdos":


«No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu

vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad.

La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento».

Nosotros en nuestra socialización primaria y secundaria vamos haciendo acuerdos, que son las enseñanzas que nos van transmitiendo nuestros padres y nuestros maestros y educadores, en toda nuestra vida vamos sufriendo un proceso de "domesticación", donde se nos enseña lo bueno y malo, las creencias que ya existían antes de que nosotros nacieramos, aquellas seleccionadas por otros pero no por nosotros.


Estas creencias nos harán felices o infelices, dependiendo de su energía y de cómo las usemos en nuestras vidas.


Dice el Dr Ruiz en su libro:


"Toda la humanidad busca la Verdad, la justicia y la belleza.


Estamos inmersos en una búsqueda eterna de la Verdad


porque sólo creemos en las mentiras que hemos


almacenado en nuestra mente.


Buscamos la justicia porque en el sistema de creencias


que tenemos no existe. Buscamos la belleza porque, por muy bella que sea una persona, no creemos que lo sea.


Seguimos buscando y buscando cuando todo está ya en nosotros.


No hay ninguna Verdad que encontrar.


Dondequiera que miremos, todo lo que vemos es la Verdad,


pero debido a los acuerdos y las creencias que hemos almacenado en nuestra mente, no tenemos ojos para verla"


Estamos ciegos ya que nos somos capaces de ver más allá


de todas las creencias que nos han inculcado,


es como si tuvieramos una especie de venda en los ojos


que no nos deja ver más allá de lo aprendido, no no deja descubrir "nuestra verdad".

No solemos aceptarnos como somos en ese afán por ser como los demás quieren que seamos o esperan que seamos,


por lo cual dejamos a un lado nuestra auténticidad para cumplir "acuerdos tácitos"


o socializaciones de otros, por lo que no vemos nuestra verdad,


la luz que vibra en nuestro interior y que todos poseemos.

Hemos hecho acuerdos con los demás pero también con nosotros mismos,
las creencias que tenemos sobre quiénes somos,
qué sentimos, qué deseamos, muchos de esos acuerdos no nos satisfacen, por lo que debemos de tener el coraje de cambiarlos, dice al respecto el Dr Ruiz:

"Si somos capaces de reconocer que nuestra vida está gobernada por nuestros acuerdos y el sueño de nuestra vida no nos gusta,


necesitamos cambiar los acuerdos.

Cuando finalmente estemos dispuestos a cambiarlos,
habrá cuatro acuerdos muy poderosos que nos ayudarán a romper aquellos otros que surgen del miedo y agotan nuestra energía.

Cada vez que rompes un acuerdo, todo el poder que utilizaste para crearlo vuelve a ti."

Es decir que en nosotros está la capacidad de romper acuerdos que nos maltratan, que nos roban la autoestima, que nos hacen sentir infelices y rechazados, acuerdos con los otros y con nosotros mismos que hemos adoptado en la creencia de que es el imperativo categórico de Kant, "el deber ser" .

De allí que al romper nuestros viejos acuerdos, toda la energía que hemos puesto en esos acuerdos al crearlos y sostenerlos volverá a nosotros y podremos crear nuevos acuerdos, en especial los cuatro acuerdos de sabiduría tolteca que nos enseña el Dr Ruiz en su libro.


Les hablaré resumidamente de cada uno de ellos.
Primer acuerdo: Sé impecable con las palabras.

Es el acuerdo más importante y más díficil quizá de cumplir.

Ya hemos hablado del poder que tiene el verbo,

la palabra, de la energía que encierran las palabras,

la energía que le imprimimos desde las emociones,

y lo díficil que se hace recoger las palabras una vez dichas.

Dice el Dr Ruiz que toda la magia se encierra en las palabras,

si las utilizas bien crearás "magia blanca" si las utilizas mal,

será


"magia negra"


. Las palabras ejercen una gran influencia sobre quienes las escuchan.

Todos somos magos, hacedores de magia con las palabras,


con ellas podemos destruir o podemos construir,

depende del sentido y la intención que le imprimamos.

Por qué ser "impecable" con las palabras?

porque la palabra impecable significa extento de pecado,

quiere decir no usar las palabras en contra de nosotros.

Cada palabra que digo en bien o en mal
regresa a mi con toda su carga energética.

Las personas que nos maldicen, insultan o hieren verbalmente se crean un daño a sí mismas,

ya que el todo el veneno que hay en esas palabras generarán sentimientos negativos hacia esa persona,

el que las escucha generará odio hacia esa persona que las dice,

y ese odio se vuelve en contra del que ofende.

Lo mismo ocurre con las palabras de amor,

palabras buenas generarán acciones buenas, palabras malas ,

acciones malas.

Cada vez que usamos nuestras palabras en sentido negativo creamos un hechizo de magia negra, como ésta historia que nos relata el Dr. Ruiz en su libro:

"Había una vez una mujer inteligente y de gran corazón.

Esta mujer tenía una hija a la queadoraba.

Una noche llegó a casa después de un duro día de trabajo,

muy cansada, tensa y con un terrible dolor de cabeza.

Quería paz y tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba,

alegremente. No era consciente de cómo se sentía su madre;

estaba en su propio mundo, en su propio sueño.

Se sentía de maravilla y saltaba y cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría y su amor.


Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre


aún empeoró más, hasta que, en un momento determinado,


la madre perdió el control.


Miró muy enfadada a su preciosa hija y le dijo:


«¡Cállate! Tienes una voz horrible.


¿Es que no puedes estar callada?».

Lo cierto es que, en ese momento,


la tolerancia de la madre frente a cualquier ruido era inexistente;


no era que la voz de su hija fuera horrible.


Pero la hija creyó lo que le dijo su madre


y llegó a un acuerdo con ella misma.


Después de esto ya no cantó más,


porque creía que su voz era horrible y que molestaría a cualquier persona que la oyera.


En la escuela se volvió tímida,


y si le pedían que cantase, se negaba a hacerlo.


Incluso hablar con los demás se convirtió en algo difícil.


Ese nuevo acuerdo hizo que todo cambiase para esa niña:


creyó que debía reprimir sus emociones para que la aceptasen y la amasen.

Siempre que escuchamos una opinión y la creemos,


llegamos a un acuerdo que pasa a formar parte de nuestro


sistema de creencias.


La niña creció, y aunque tenía una bonita voz,


nunca volvió a cantar.


Desarrolló un gran complejo a causa de un hechizo;


un hechizo lanzado por la persona que más la quería:


su propia madre, que no se dio cuenta de lo que había hecho con sus palabras.


No se dio cuenta de que había utilizado magia negra


y había hechizado a su hija.


Desconocía el poder de sus palabras,


y por consiguiente no se la puede culpar.


Hizo lo que su propia madre,


su padre y otras personas habían hecho con ella de muchas maneras diferentes:


utilizar mal sus palabras."




Vemos pues que también nosotros hemos hecho hechizos


a más de uno en nuestras vidas,


incluyendo a nuestros hijos, cuando le decimos:


"Tú no sirves para ésto o aquello,


mejor estudia ésta o aquella profesión",


" Te falta inteligencia",


"Eres feo",


" Nunca lograrás nada en la vida",


etc..todas éstas sentencias son hechizos de magia negra


que usamos sin saber el poder que tienen en la vida


del que las recibe y en nuestra vida,


ya que toda la mala energía se volverá contra nosotros algún día.


Segundo acuerdo: No tomarte nada personalmente

No debemos tomarnos las palabras de los demàs ni sus acciones de modo personal, ya que cada persona tiene su propio mundo de creencias, sus propios acuerdos, y lo que diga o haga no tiene que ver con nosotros ni con nuestro mundo sino con el de esa persona; como ella lo ve y siente.

Cuando no nos tomamos las palabras o acciones de modo personal, nos volvemos inmunes a su veneno, no nos afectan.


Dice el Dr Ruiz:


"No te tomes nada personalmente porque,


si lo haces, te expones a sufrir por nada.


Los seres humanos somos adictos al sufrimiento


en diferentes niveles y distintos grados;


nos apoyamos los unos a los otros para mantener esta adicción.


Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir.


Si tienes la necesidad de que te maltraten,


será fácil que los demás lo hagan.


Del mismo modo, si estás con personas que necesitan sufrir,


algo en ti hará que las maltrates.


Es como si llevasen un cartel en la espalda que dijera:


«Patéame, por favor».


Piden una justificación para su sufrimiento.


Su adicción al sufrimiento no es más que un acuerdo


que refuerzan a diario.

Vayas donde vayas, encontrarás a gente que te mentirá,


pero a medida que tu consciencia se expanda, descubrirás que tú también te mientes a ti mismo. No esperes que los demás te digan la verdad, porque ellos también se mienten a sí mismos.


Tienes que confiar en ti y decidir si crees o no lo que alguien te dice. ....Si alguien no te trata con amor ni respeto,


que se aleje de ti es un regalo.


Si esa persona no se va, lo más probable


es que soportes muchos años de sufrimiento con ella.


Que se marche quizá resulte doloroso durante un tiempo, pero finalmente tu corazón sanará. Entonces, elegirás lo que de verdad quieres.

Descubrirás que, para elegir correctamente, más que confiar en los demás, es necesario que confíes en ti mismo.Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida."


No tomarse las cosas personalmente es algo que no hacemos, siempre estamos pensando que los demás la tienen tomada en contra de nosotros, que las personas dicen o hacen algo en nuestra contra, que siempre hablan de nosotros, que siempren comentan de nosotros, etc...tenemos que aprender a ver a las personas y sus opiniones como algo que es problema de ellos, no nuestro, ni tiene que ver con nuestra valía como ser humano, si te insultan y te dicen que eres un miserable, pues bien, eso es un concepto que pertenece a esa persona, es algo que ella ve asi según los acuerdos que ha hecho en su socialización, pero que no tiene nada que ver contigo.

Tercer acuerdo: No hagas suposiciones
El hacer suposiciones siempre nos trae decepciones. Nos pasamos la vida suponiendo cosas que no son ciertas, que creemos ver o saber, éste tercer acuerdo va de la mano con el segundo acuerdo, no tomarse nada personalmente.

El suponer siempre crea problemas, ya que cuando suponemos lo hacemos basado en nuestros propias percepciones de la realidad, en lo que creemos que es, y entonces no conocemos la verdad, cuando suponemos algo de una persona, en éste caso de nuestra pareja, suponemos que sabía algo, y luego cuando comprobamos que no es asi, nos ofendemos, pero no aclaramos con ella las cosas de antemano antes de suponer. Siempre la verdad por delante es lo mejor.

No es bueno suponer, pero siempre lo estamos haciendo sobre todo lo que nos rodea, ya que necesitamos saber, conocer y tener explicaciones de las cosas, aunque éstas sean erradas. Respecto a éste tercer acuerdo dice el Dr Ruiz:
"La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras. Si no comprendes alguna, ten el valor de preguntar hasta clarificarlo todo lo posible, e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular. Una vez escuches la respuesta, no tendrás que hacer suposiciones porque sabrás la verdad.

Asimismo, encuentra tu voz para preguntar lo que quieres. Todo el mundo tiene derecho a contestarte


«sí» o «no»,


pero tú siempre tendrás derecho a preguntar.


Del mismo modo, todo el mundo tiene derecho a preguntarte y tú tienes derecho a contestar


«sí» o «no».

Si no entiendes algo, en lugar de hacer una suposición,


es mejor que preguntes y que seas claro.


El día que dejes de hacer suposiciones,


te comunicarás con habilidad y claridad, libre de veneno


emocional. Cuando ya no hagas suposiciones,


tus palabras se volverán impecables."

Cuarto acuerdo: Haz siempre tu máximo esfuerzo

Este acuerdo es el que permite que los otros acuerdos


se conviertan en hábitos internalizados dentro de nosotros.


Se trata de dar siempre lo mejor de uno en cualquier situación.


Si hacemos nuestro mejor esfuerzo nunca nos sentiremos


culpables de no haberlo intentado lo suficiente,


ni sentiremos frustación ni sentimientos de culpa.


Solemos decirnos,


" Es que si hubiese hecho más...


es que si al menos le hubiera ayudado un poco más...",


o " Fracasé porque no lo intenté lo suficiente, no puse todo el empeño que debía" y frases parecidas.
Hacer nuestro máximo esfuerzo


y disfrutarlo es aceptarnos a nosotros mismos


sin reproches ni quejas, si damos lo mejor en cada acción,


a pesar de que no logremos nuestra meta,


no podremos sentirnos frustados o fracasados,


simplemente no estaba para darse,


pero no por no haberlo intentado con nuestro mayor esfuerzo.

historia basada en el cuarto y último acuerdo,


libro de sabiduría tolteca


"Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que se fue a un templo

budista para encontrar a un maestro que le ayudase.


Se acercó a él y le dijo:


«Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?».


El maestro le miró y le respondió:


«Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años».

El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo:


«Maestro, y si medito ocho horas al día, ¿cuánto

tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?».

El maestro le miró y le respondió:


«Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte

años».

«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?»,


preguntó el hombre.

El maestro contestó:


«No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida.


Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar.


Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación,


pero utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte,


apartarte del verdadero sentido de la meditación y


no disfrutar de tu vida.


Haz tu máximo esfuerzo,


y tal vez aprenderás que independientemente


del tiempo que medites, puedes vivir, amar y ser feliz».


somos dos extraños que nos conocemos muy bien..


somos tan parecidos y a la vez tan diferentes..!


Una mujer completa no necesita muletas


vive y se entrega día a día,


y cuando se enamora se entrega a ese amor


sin dejar de ser ella misma.

Referencia:

domingo, 15 de mayo de 2011

CANCIONES O MUSICA PARA ALEGRARTE LA VIDA Y SONREIR

ALEGRIA ...... FRANCESCA GAGNON - CIRQUE DU SOLEIL




VIDA ...... DC RETO




CANTARE DE TU AMOR POR SIEMPRE ........ FORGIVEN



Cantare de Tu Amor por Xtreme Kids



NO ME SOLTARAS ... GRUPO ROJO





CREERE ..... TERCER CIELO




MI ULTIMO DIA .... TERCER CIELO



CELEBRA LA VIDA ..... AXEL





Pa lante .... Alberto plaza





COLOR ESPERANZA .. DIEGO TORRES




TRATAR DE ESTAR MEJOR ... DIEGO TORRES




QUE SERA ... DIEGO TORRES




SUEÑOS ... DIEGO TORRES



VIVE LA VIDA ..... AREA 305




la vida es un carnaval .. celia cruz





REMEDIO PAL CORAZON




PESCADOR ...



ESTA VIDA .... SOLEDAD




PA LOS NIÑOS DC RETO




Buena Onda ...... Pimpinela




'CARITO' .... CARLOS VIVES



CIELO BENNY IBARRA




Felicidad ..... Gondwana





Brindis ........ Soledad Pastorutti





Sie7e ............ Tengo tu love Official Video






Amaia Montero - Caminando