La fuerza de la acción
La madre Teresa de Calcuta, llamada Agnes Gonscha Boyaxhiu, nació en Skopje (Yugoslavia), en 1910, en una familia de la pequeña burguesía. En 1928, a los 18 años, dejó su casa para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux).
Llegó a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la escuela para chicas St. Mary. Allí permaneció 20 años, pero luego decidió abandonar el colegio para dedicarse a los pobres.
El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió un llamado de Jesús, en el que le pidió a ésta que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres. Pasaron casi dos años hasta que la Madre Teresa recibió el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco bordado de azul e inició su misión.
El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de la India. Asimismo, abrió una casa en Venezuela, a la cual le siguieron fundaciones en Roma, Tanzania y en otros países. Comenzó en 1980 y continuó durante la década del ´90, la abertura de casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.
Para poder cubrir de una mejor manera las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó "Hermanos Misioneros de la Caridad" en 1963, en 1976 la "rama contemplativa" de las Hermanas, en 1979 los "Hermanos Contemplativos" y en 1984 los "Padres Misioneros de la Caridad".
Asimismo creó los "Colaboradores de Madre Teresa" y los "Colaboradores Enfermos y Sufrientes". En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el "Movimiento Sacerdotal Corpus Christi" para aquellos que querían compartir su carisma y espíritu.
Durante estos años la Madre Teresa comenzó a ser conocida en el mundo. Empezó a recibir numerosos premios, como el Premio Indio Padmashri en 1962 y, quizás el más importante, el Premio Nobel de la Paz en 1979. Fue así como la obra que ella inició despertó un enorme interés en todos los medios de comunicación del mundo.
Durante los últimos años de su vida, a pesar de sus graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto, ayudando a los pobres y respondiendo a las necesidades de la Iglesia. Murió el 5 de septiembre de 1997. Su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad, y su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración, tanto para ricos como para pobres.
Para ese entonces las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido 610 fundaciones en 123 países del mundo. Toda una lucha que valió la pena.
Su mensaje
La madre Teresa de Calcuta representa uno de los exponentes humanísticos más elevados de estos tiempos, y ha dejado varias enseñanzas que recorrieron el mundo de la boca de esta gran maestra de la solidaridad. Por ejemplo aquí va una, quizás la más famosa.
La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es una belleza, admírala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, devélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es una aventura, atrévete.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la vida, defiéndela.
La vida es suerte, búscala.
La vida es demasiado preciosa, no la destruyas.
Psicólogo Social, Psicoterapeuta, Cocinero, Investigo la ciencia y mística de todo ser vivo, Realizando #RSE.
viernes, 25 de marzo de 2011
La asombrosa historia del Panyee tailandés (con vídeo)
Historia del TMB Panyee FC (con subtítulos en español)
Un deporte, el fútbol. Un lugar, un poblado en el sur de Tailandia. Y un motivo, el sueño de unos niños de llegar a ser campeones del mundo. Son los ingredientes de una historia digna de una película.
El Panyee FC es un modesto club de fútbol tailandés. No cuenta con un equipo en la primera división de su país, ni siquiera tiene plantilla profesional, pero su sorprendente historia, que ha salido al a luz gracias al anuncio del banco tailandés TMB, merece ser contada.
Todo empezó en 1986 en Koh Panyee, una aldea flotante de pescadores en el sudoeste del país en la que nunca había existido un campo de fútbol ni nada que se le pareciera, pero en el que sus niños eran grandes aficionados al deporte rey. Una afición que creció más aún con la celebración del Mundial de México, tanto que decidieron construir un campo para jugar a su gran pasión, que nunca habían podido practicar.
Tenían un gran problema, y es que su aldea flotaba sobre el mar, y no es que el espacio fuera una de las características del lugar. De modo que ante las burlas de los vecinos, decidieron construir un campo flotante en su tiempo libre. Una vez realizado y después de mucho practicar decidieron apuntarse a un torneo, aun temiendo no ser lo suficientemente buenos, ya que nunca habían jugado contra nadie fuera del poblado.
En esa primera aventura lejos de su aislada aldea llegaron a semifinales. En la disputa de ese encuentro, bajo una copiosa lluvia, llegaron al descanso con una desventaja de dos tantos, hasta que decidieron jugar como lo hacían en casa. Descalzos sobre un suelo empapado de agua. Entonces la cosa mejoró, pero no lo suficiente como para alcanzar la final. No hacía falta. En su pueblo ya eran héroes por todo lo que habían sido capaces de hacer unos simples niños. Una auténtica historia de superación, fortaleza y convicción. Una de esas que a veces nos deja el deporte y que merecen ser contadas.
Un deporte, el fútbol. Un lugar, un poblado en el sur de Tailandia. Y un motivo, el sueño de unos niños de llegar a ser campeones del mundo. Son los ingredientes de una historia digna de una película.
El Panyee FC es un modesto club de fútbol tailandés. No cuenta con un equipo en la primera división de su país, ni siquiera tiene plantilla profesional, pero su sorprendente historia, que ha salido al a luz gracias al anuncio del banco tailandés TMB, merece ser contada.
Todo empezó en 1986 en Koh Panyee, una aldea flotante de pescadores en el sudoeste del país en la que nunca había existido un campo de fútbol ni nada que se le pareciera, pero en el que sus niños eran grandes aficionados al deporte rey. Una afición que creció más aún con la celebración del Mundial de México, tanto que decidieron construir un campo para jugar a su gran pasión, que nunca habían podido practicar.
Tenían un gran problema, y es que su aldea flotaba sobre el mar, y no es que el espacio fuera una de las características del lugar. De modo que ante las burlas de los vecinos, decidieron construir un campo flotante en su tiempo libre. Una vez realizado y después de mucho practicar decidieron apuntarse a un torneo, aun temiendo no ser lo suficientemente buenos, ya que nunca habían jugado contra nadie fuera del poblado.
En esa primera aventura lejos de su aislada aldea llegaron a semifinales. En la disputa de ese encuentro, bajo una copiosa lluvia, llegaron al descanso con una desventaja de dos tantos, hasta que decidieron jugar como lo hacían en casa. Descalzos sobre un suelo empapado de agua. Entonces la cosa mejoró, pero no lo suficiente como para alcanzar la final. No hacía falta. En su pueblo ya eran héroes por todo lo que habían sido capaces de hacer unos simples niños. Una auténtica historia de superación, fortaleza y convicción. Una de esas que a veces nos deja el deporte y que merecen ser contadas.
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